Los cereales, y el problema del recubrimiento de semillas
Setenta kilos de nitrato de amonio por hectárea es la práctica convencional. La FAO da a esa práctica cincuenta años de vida.
Los cereales, de uno u otro tipo, se cultivan en todos los rincones del mundo, y tradicionalmente su éxito descansa sobre el nitrato de amonio: unos 70 kg por hectárea de media para cada cultivo. Se cultiva muy poco de forma orgánica, porque hay relativamente poco estiércol disponible.
Los efectos secundarios del nitrato químico están bien documentados: escorrentía, aceleración masiva de la biota, y después respiración y pérdida del componente orgánico del suelo. La situación ha sido lo bastante grave como para que la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, en Roma, prediga el fin de la agricultura convencional en los próximos cincuenta años.
Dos productos inciden directamente en la restauración de los suelos afectados. Uno es la vesículo-arbuscular, la base de AridGrow, que al cabo de unas semanas se hace cargo del cuidado de la planta —suministrando nutrientes disueltos y agua a cambio de azúcar— y deja tras de sí glomalina, una glicoproteína que a su vez construye materia orgánica en el suelo. El otro es , que regula la formación de aminoácidos y proteína en la planta hasta alcanzar los parámetros óptimos.
En esos ensayos también se apreció la longitud y la robustez de la paja.
El problema de la mecanización, y su solución
Un agricultor de subsistencia en África Oriental puede aplicar humato y micorriza a mano. Una explotación comercial europea lo hace todo con maquinaria, y eso crea una dificultad real: de nada sirve remojar la semilla antes de sembrarla, porque la semilla responde comenzando a germinar. La espora micorrícica tiene que llegar a la superficie de la semilla sin entrar nunca en contacto con el agua.
La respuesta de Zander es un microfilm de PVA que envuelve la semilla, con las esporas incrustadas en él. La espora permanece seca e inactiva hasta que la semilla está en la tierra. La vida útil de la semilla tratada es de unos seis meses —suficiente para una temporada de siembra—, y significa que la semilla de cereal puede sembrarse con la maquinaria corriente arrastrada por tractor, sin cambio alguno en la práctica.
Fuente — Notas técnicas de Zander Corporation
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